lunes, mayo 18, 2009

Los amantes de Teruel

Cuenta la tradición que a principio del siglo XIII vivían en Teruel los jóvenes Diego Martínes de Marcilla e Isabel de Segura, descendientes de familias muy principales. La vecindad de ambas casas y el trato constante desde la infancia se convirtieron con el tiempo en un profundo amor mutuo; entonces Diego solicitó de Don Pedro Segura, padre de Isabel, la mano de su hija. Éste, aunque estimaba la nobleza y las dotes del pretendiente, rehusó aceptar, alegando su escasez de fortuna por tener hermano mayor que heredaría a su padre, en tanto él podía dotar a su hija con generosidad. Informado Diego de esta dificultad, resolvió pedir a su amada un plazo de espera para lograr la hacienda necesaria al deseo de su padre; Isabel le concedió cinco años y él partió a la guerra.

Durante su ausencia Don Pedro intentó con ahínco que Isabel aceptara otros pretendientes, pero ella, fiel a su promesa, no aceptó ninguno. Llegado el fin del plazo y como Diego no regresaba, don Pedro apremió a su hija para que sé casara y ésta, viendo que el plazo de los cinco años había pasado sin saber nada de su amante, aceptó. A poco su padre concertó la boda con un vecino de Teruel cuyo nombre desconocemos y entonces regresó Diego cargado de honores y riquezas, cuando su Isabel pertenecía a otro dueño ante Dios y los hombres. El amante, desesperado, se reunió con su amada para despedirse de ella, rogándole que, en prenda de su imposible amor, le diera un beso, con lo cual se consideraría satisfecho. Ésta, invocando su honestidad, lo negó y entonces, luego de intentarlo de nuevo, Diego cayó muerto a sus pies.

Enterado el marido de cuanto acababa de ocurrir, decidió llevar el cuerpo del amante a la puerta de su casa, donde al amanecer lo descubrió su padre, don Martín de Marcilla, quién luego del natural sobresalto, transido de dolor, dispuso el entierro de su hijo en la Iglesia de San Pedro.

Durante la celebración litúrgica, todos los asistentes vieron acercarse al cuerpo inanimado a una dama encubierta que, llegando hasta él, descubrió su cara y lo besó, quedando allí reclinada hasta que, en el momento de iniciarse el entierro, fueron a apartarla y vieron que era Isabel Segura, quien no obedecía a los ruegos para que se retirase porque estaba muerta.

Ante el asombro de los presentes y después de que el novel marido relatara lo ocurrido, se decidió enterrar juntos a los dos amantes que tan desdichados habían sido en vida. Sucedió este infausto acontecimiento en 1217, siendo juez de Teruel don Domingo Celadas.

Desde entonces, la tradición nunca se interrumpió, contada de padres a hijos a través de los siglos. Documentos y obras literarias han recogido los pormenores de esta hermosa tradición histórica, la más importante de Aragón junto con la de la Virgen del Pilar. (José Luis Sotoca)

2 comentarios:

  1. Te he dado un premio! Si quieres, pasa a por mi blog a “recogerlo” .
    http://keranadormilona2.blogspot.com/2009/05/tarta-de-manzana.html?showComment=1243179012100#c4138013201938734674

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  2. Interesnatísimo, hacen falta blogs instructivos como estos y no tanto espacio de opinión indiscriminada. Enhorabuena por tu investigación.

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